En Nueva York se acordó adoptar la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas en septiembre del 2000, con la que los países se comprometen en una alianza a reducir la pobreza extrema y se ​​estableció una serie de ocho objetivos, con plazo límite de 2015, conocidos como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Estos objetivos se enfocaban en hacer frente a la pobreza extrema y el hambre, prevenir las enfermedades mortales y ampliar la enseñanza primaria a todos los niños, entre otras prioridades del desarrollo. Gracias a ellos se han conseguido grandes avances para acabar con el hambre en el mundo, lograr la igualdad de género, mejorar los servicios de salud o el acceso a la educación, suministrar acceso al agua y el saneamiento, disminuir la mortalidad infantil y mejorar la salud materna. También han logrado importantes avances en la lucha contra el SIDA, malaria o tuberculosis.

Tras doce años, en Río de Janeiro en el 2012, se acordó definir unos objetivos en los que se reflejaran los desafíos ambientales, políticos y económicos a los que la generación actual debe hacer frente y buscan sustituir a los Objetivos del Milenio.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, como los propios retos a los que se enfrentas, se encuentran vinculados unos con otros porque sólo afrontando dichos retos de forma holística y actuando todos los países se logrará alcanzar la consecución de estos objetivos que permitirá existir a las generaciones futuras.

El mismo año en el que se aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se celebró la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP21) en la que se aprobó el Acuerdo de París, así como el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, aprobado en Japón. Ambos se ocupan de establecer las líneas de trabajo y objetivos para gestionar el cambio climático, afrontar los desastres naturales o alcanzar una reducción de las emisiones de carbono.

De la Conferencia de Nueva York, en la que se aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, los países se adhirieron a la declaración y Plan de Acción de la Agenda 2030, considerando que la erradicación de la pobreza en todas sus versiones y afrontar las necesidades del planeta, son la base del desarrollo sostenible. En la propia declaración se incluye que los países firmantes Estamos resueltos a poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí a 2030, a combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, a proteger los derechos humanos y promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres y las niñas, y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales. Estamos resueltos también a crear las condiciones necesarias para un crecimiento económico sostenible, inclusivo y sostenido, una prosperidad compartida y el trabajo decente para todos, teniendo en cuenta los diferentes niveles nacionales de desarrollo y capacidad.

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